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Mon grand ami.

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The Pobla Town  (C) Laila Mor Romero El sol inundaba el pequeño pinar. Se podía respirar la tranquilidad de la tarde. El calor se palpaba en la mesa de piedra en la que estaban sentados. Habían pasado los años, el tiempo había hecho mella en ellos y aún así quedaban resquicios de las personas que fueron entonces. Después de todo, el dolor y la decepción habían desaparecido para ella.  A pesar de todos esos años sin verse, aún conservaban esa facilidad para hablarle y que él la entendiera. Pese a todo por lo que pasaron, aún se sentía esa emoción, esa magia que se recreaba en el ambiente, cada vez que se veían. Más allá de los errores que cometieron, podían seguir abrazándose con la total satisfacción de saber que se habían perdonado mutuamente por cometerlos y recrear de nuevo (como tantas otras veces en aquel tiempo ya tan lejano e inocente) la misma felicidad y excitación al encontrarse. Se miraban y te puedo asegurar que el tiempo dejaba de existir. ...

No te compliques y vive el momento.

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Con derecho a roce. Hace mucho tiempo, dos adolescendes unidos por algo más que pura atracción sexual, hablando tranquilamente estando sentados en las escaleras, de un simple portal, de cualquier ciudad, de cualquier país. - Ya te he dicho que esto que tenemos no va a durar para siempre. - Y yo ya te he dicho que yo no te veo teniéndote como novio. - Es que me da la sensación de que eres como una moto, que cada dos por tres tengo que llevarla al taller porque siempre le falla alguna pieza. - ¿Qué? Perdona, pero yo soy una moto que funciona perfectamente pero que TÚ no haces más que ponerle piezas defectuosas en cada revisión y por eso, según tú, no funciona bien. - Vale... tienes razón. Y lo siento, no volveré a compararte con una moto. - Oye, ya te lo he dicho, me gustas y yo te gusto , ¿no? - Sí. - Entonces, si nos gustamos ahora y encajamos bien, ¿por qué hay que preocuparse por el futuro? - Es que cuando se acabe, se acabará. Y podrá ser de...

La ausencia del amor.

El ruido del motor inundaba la calle, aún era demasiado pronto para que se fuera el frío,demasiado tarde para que el sol no se viera ya. No había ni un alma por allí, la ciudad aún dormía mientras aquel viejo citröen saxo era conducido por la gran avenida. Una débil música se escuchaba allí dentro, donde el frío no traspasaba, donde los rayos del sol pintaban de colores pastel el interior, allí dentro donde el conductor y el copiloto esperaban con poca alegría a que el semáforo se pusiera en verde. El copiloto miraba ausente por la ventana, como de costumbre lo hacía, pero aquella mañana de primavera era distinta. Algo había despertado en su interior. Hacía muchos años que guardaba aquellas preguntas sin resolver en lo más profundo de su cabeza, en lo más profundo de su corazón... El joven chico de mirada introvertida se giró para contemplar al conductor y titubeando comenzó a exponer aquel enredo mental que lo consumía: − Aitor... − ¿Qué? - contestó éste con voz ronca. ...

Así que me fui

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by vodkaxstvm [Tyler&Caroline - TVD] Me susurró "Te quiero libre, salvaje, desnuda, al natural y despeinada" y yo entusiasmada le dije "Creo que siento algo por ti", entonces con orgullo y miedo en los ojos replicó "Te quiero libre, salvaje, desnuda, al natural y despeinada dentro de mi cama, fuera de ella te prefiero fría , distante e insensible". Y fue ahí, entre sábanas deshechas, olor a humanidad rancia y sexo esporádico, donde yo me di cuenta de que le estaba dando mucho más de lo que merecía y él a mi algo que cualquiera podía darme. Así que me fui.  Con el tiempo él volvió sin haber encontrado lo que yo le daba y yo sin ningunas ganas ni necesidad de estar con él. Así que se fue con el rabo entre las piernas a punto de explotar, el corazón aún más resquebrajado que cuando yo me fui y sin saber que más decir, todo por cobarde .  Que personas hay muchas, gilipollas unos cuantos y cobardes a borbotones, y para los pocos valientes ...

Paradigmas.

En mi último año de instituto, un día estaba asomada a la barandilla del segundo piso y mientras observaba el recibidor vi que un chico se arrimó a la caja de pilas y empezó a hurgar en ella (ya que era el típico gamberro de clase y siempre buscaba llamar la atención), y allí mientras esperaba a que sonara la campana finalizase el recreo, me dediqué a observarlo desde arriba, curiosa por ver qué pretendía, y más que nada para matar el tiempo y enriquecer mi aburrimiento. Cuando recordé que hacia pocos días que yo misma había dejado una bolsa de pilas para reciclar en esa misma caja, cuando caí, me dije: Oh, no... joder . A los poco segundos encontró una de las pilas que yo dejé y exclamó asombrado: “¡Ostia, una pila mordida!”, se giró hacia sus amigos (que éstos más bien eran copias a lo Crabbe y Goyle de Harry Potter) y les dijo: “¡Eh mirad una pila mordida!, ¿pero ésto quién lo ha traído?”- luego entre risas añadió: “¿Quién ostias muerde pilas?”. Por razones que aún desco...